En el año 2007 se publicó la "Guía Conjunta de las Sociedades Europeas de Hipertensión y Cardiología" (ESH/ESC), cuyo objetivo fundamental fue intentar ofrecer la mejor información disponible y la más equilibrada a todos los profesionales sanitarios que intervienen en el manejo de la hipertensión arterial (HTA). Sin embargo, algunos estudios recientes han modificado conceptos previos y sugieren que nuevas recomendaciones basadas en sus evidencias podrían ser más apropiadas. Los puntos más relevantes que trata la revisión del año 2009 hacen mención a la valoración del daño orgánico subclínico en la estratificación del riesgo cardiovascular (RCV) total, los nuevos objetivos de control de la presión arterial (PA) y la aproximación al tratamiento con las diferentes estrategias disponibles.
En la valoración del daño a órganos diana (DOD), se insiste en el interés del electrocardiograma y de nuevos indicadores de hipertrofia ventricular izquierda. Se refuerza el papel de la relación entre el grosor íntima/ media carotidea, velocidad de onda del pulso y de la microalbuminuria en la predicción de eventos vasculares. Nuevas medidas adicionales, como la resonancia magnética, adquieren protagonismo en determinadas situaciones. La evidencia del papel pronóstico del daño subclínico continúa creciendo, por ello la cuantificación del RCV total debería incluir una búsqueda activa de DOD en el diagnóstico y durante el seguimiento, ya que muchos tratamientos inducen cambios y ello ofrece información acerca de si evitamos la progresión del daño y, posiblemente, la aparición de eventos cardiovasculares. No está claro si el daño subclínico puede implicar un RCV elevado en los sujetos con PA normal-alta. Sin embargo, el DOD, cuando es importante o afecta a múltiples órganos o se acompaña de otros factores de riesgo, está asociado con un incremento del riesgo de 2-3 veces en sujetos normotensos.
Nuevos objetivos de presión arterial
Respecto a los objetivos de PA a alcanzar y mantener con el tratamiento, la recomendación para la población general hipertensa es el descenso de la PA por debajo de 140/90 mmHg, siendo aconsejable que todo paciente hipertenso alcance y mantenga valores entre 130-139 mmHg de PA sistólica y entre 85-89 mmHg de PA diastólica. De igual manera, en la población hipertensa diabética, la recomendación general es el descenso de la PA por debajo de 140/90 mmHg, siendo aconsejable que todo paciente diabético alcance valores lo más cercanos posible a 130 mmHg de PA sistólica y a 85 mmHg de PA diastólica. En pacientes con enfermedad coronaria o con otra localización de ateromatosis no se aconseja una reducción de la PA por debajo de 120/75 mmHg por mayor incidencia de episodios cardiovasculares (curva en J).
Objetivos de control en población hipertensa
- El principal objetivo de control es reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, disminuyendo la PA y controlando otros factores de riesgo asociados.
- La PA debe reducirse por debajo de 140/90 mmHg, intentando alcanzar y mantener la PAS entre 130- 139 mmHg y la diastólica entre 85-89 mmHg.
- En diabetes, los objetivos de control de la PA deben ser inferiores a 140/90 mmHg, intentando alcanzar valores cercanos a 130/85 mmHg.
- En población de alto o muy alto riesgo cardiovascular (ictus, infarto de miocardio, insuficiencia renal o proteinuria) el objetivo debe ser alcanzar una PA sistólica por debajo de 140 mmHg (entre 130-139 de PAS).
- En población anciana (< 80 años) el objetivo de PA es < 140/90 mmHg.
- En población muy anciana (> 80 años) el objetivo de PA es < 150/90 mmHg (estudio HYVET).
- Para conseguir con más facilidad los objetivos de control de la PA, el tratamiento antihipertensivo debería iniciarse antes de que se produzca afectación cardiovascular.
¿Cuándo iniciar el tratamiento?
Aunque la evidencia es escasa, parece razonable recomendar el inicio del tratamiento a los hipertensos grado 1 de riesgo bajo/moderado después de un período razonable de cambios en los estilos de vida. Es aconsejable iniciar pronto el tratamiento en hipertensos grado 1 de alto riesgo y en los hipertensos grado 2-3. Puede ser prudente aconsejar el inicio del tratamiento a los diabéticos con PA normal-alta si tienen DOD. En general, parece prudente indicar el inicio del tratamiento antes de que aparezca DOD.
Fármacos antihipertensivos
Respecto a la elección de fármacos antihipertensivos, datos disponibles de metaanálisis de amplia escala confirman que las cinco clases de subgrupos terapéuticos (diuréticos, IECA, calcioantagonistas, ARA II y betabloqueantes) no difieren significativamente en su capacidad para descender la PA en la HTA. Cada clase de fármaco tiene efectos favorables y contraindicaciones en situaciones clínicas específicas. Por consiguiente, la elección debe hacerse en función de estas evidencias.
La mayoría de los pacientes necesitan al menos dos fármacos para alcanzar objetivos de control. En pacientes mal controlados en monoterapia, si no hay evidencia de efectos secundarios o no eficacia, la mejor estrategia es añadir un segundo fármaco.
La combinación de dos antihipertensivos también puede tener ventajas en el inicio de tratamiento, sobre todo en pacientes de alto RCV en los que sea deseable el control de la PA. Cuando sea posible, debería preferirse el uso de combinaciones en dosis únicas (una única píldora) ya que la simplificación del tratamiento es ventajosa para su cumplimiento. Las combinaciones fijas deben ser preferidas. La combinación de un bloqueador del sistema renina angiotensina y un calcioantagonista parece ser la más efectiva y las combinaciones de un diurético y un betabloqueante en personas con riesgo de diabetes y de un IECA y un ARA II deben evitarse.
Muchas decisiones importantes en el manejo de HTA son actualmente tomadas sin el apoyo de evidencia de ensayos controlados y aleatorizados; hacen falta ensayos adecuadamente diseñados para resolver muchas dudas en el tratamiento farmacológico de la HTA.